I Pedro 1 Biblia Jerusalén (1998) | 25 versitos |
1 Pedro, apóstol de Jesucristo, a los elegidos que viven como extranjeros en la Dispersión: en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia,
2 según el previo conocimiento de Dios Padre, con la acción santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre. A vosotros gracia y paz abundantes.
3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo quien, por su gran misericordia, mediante la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva,
4 a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,
5 a quienes el poder de Dios, por medio de la fe, protege para la salvación, dispuesta ya a ser revelada en el último momento.
6 Por lo cual rebosáis de alegría, aunque sea preciso que todavía por algún tiempo seáis afligidos con diversas pruebas,
7 a fin de que la calidad probada de vuestra fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor, en la Revelación de Jesucristo.
8 A quien amáis sin haberle visto; en quien creéis, aunque de momento no le veáis, rebosando de alegría inefable y gloriosa;
9 y alcanzáis la meta de vuestra fe, la salvación de las almas.
10 Sobre esta salvación investigaron e indagaron los profetas, que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros,
11 procurando descubrir a qué tiempo y a qué circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando les predecía los sufrimientos destinados a Cristo y las glorias que les seguirían.
12 Les fue revelado que no administraban en beneficio propio sino en favor vuestro este mensaje que ahora os anuncian quienes os predican el Evangelio, en el Espíritu Santo enviado desde el cielo; mensaje que los ángeles ansían contemplar.
13 Por lo tanto, ceñíos los lomos de vuestro espíritu, sed sobrios, poned toda vuestra esperanza en la gracia que se os procurará mediante la Revelación de Jesucristo.
14 Como hijos obedientes, no os amoldéis a las apetencias de antes, del tiempo de vuestra ignorancia,
15 más bien, así como el que os ha llamado es santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra conducta,
16 como está escrito: Seréis santos, porque santo soy yo.
17 Y si llamáis Padre a quien, sin acepción de personas, juzga a cada cual según su conducta, conducíos con temor durante el tiempo de vuestro destierro,
18 sabiendo que habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o plata,
19 sino con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo,
20 predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos a causa de vosotros;
21 los que por medio de él creéis en Dios, que le ha resucitado de entre los muertos y le ha dado la gloria, de modo que vuestra fe y vuestra esperanza estén en Dios.
22 Habéis purificado vuestras almas, obedeciendo a la verdad, para amaros los unos a los otros sinceramente como hermanos. Amaos intensamente unos a otros con corazón puro,
23 pues habéis sido reengendrados de un germen no corruptible, sino incorruptible, por medio de la palabra de Dios viva y permanente.
24 Pues toda carne es como hierba y todo su esplendor como flor de hierba; se seca la hierba y cae la flor;
25 pero la palabra del Señor permanece eternamente. Y esta es la palabra: la Buena Nueva anunciada a vosotros.

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Introducción a I Pedro

Primera epístola de San Pedro.
Dos epístolas católicas reivindican la paternidad de San Pedro. La primera, que lleva en el saludo el nombre del príncipe de los apóstoles, 1Pe_1:1, fue admitida sin oposición desde los comienzos de la Iglesia: utilizada probablemente por Clemente de Roma y ciertamente por Policarpo, es atribuida explícitamente a San Pedro a partir de Ireneo. El apóstol escribe desde Roma (Babilonia, 1Pe_5:13), donde se encuentra con Marcos a quien llama «su hijo». Aunque sabemos muy poco acerca del fin de su vida, una tradición bien atestiguada le hace venir efectivamente a la capital del imperio donde murió mártir bajo Nerón (¿64 ó 67?). Se dirige a los cristianos «de la Dispersión» precisando los nombres de cinco provincias, 1Pe_1:1, que prácticamente representan el conjunto del Asia Menor. Por lo que dice de su pasado, 1Pe_1:14, 1Pe_1:18; 1Pe_2:9 s; 1Pe_4:3, da a entender que se trata de convertidos de la gentilidad, si bien no se excluye la presencia de judeocristianos entre ellos. Por eso les escribe en griego; y si este griego, sencillo, pero correcto y armonioso, parece demasiado bueno para el pescador galileo, conocemos el nombre del discípulo-secretario que le pudo ayudar en su redacción: Silvano, 1Pe_5:12, a quien comúnmente se identifica con el antiguo compañero de San Pablo, Hch_15:22+.

El propósito de esta epístola es sostener la fe de sus destinatarios en medio de las tribulaciones que les asaltan. Se ha querido ver en ellas persecuciones oficiales como las de Domiciano o aun las de Trajano, lo que supondría una época muy posterior a San Pedro. Pero nada parecido exigen las alusiones de la epístola. Más bien se trata de violencias privadas, de injurias y calumnias que la pureza de vida de los convertidos les concita de parte de aquellos cuya conducta desarreglada abandonaron, 1Pe_2:12; 1Pe_3:16; 1Pe_4:4, 1Pe_4:12.

Otra dificultad se ha suscitado contra la autenticidad de la epístola: el uso considerable que parece hacer de otros escritos del NT, especialmente de St, Rm Ef, y que sorprende tanto más cuanto que, en cambio, parece utilizar poco el Evangelio. Sin embargo, las reminiscencias evangélicas, aun siendo discretas, son numerosas; y si estuvieran más subrayadas, no faltaría quien dijera que un seudónimo trató así de hacerse pasar por Pedro. En cuanto a las relaciones con Santiago y Pablo, no deben exagerarse. Ninguno de los temas específicamente paulinos (valor transitorio de la Ley judía, cuerpo de Cristo, etc.) aparece en la epístola. Y muchos de los temas que igualmente se consideran «paulinos», porque nos son conocidos sobre todo por las epístolas de Pablo, en realidad no son más que el fondo común de la primitiva teología cristiana (valor redentor de la muerte de Cristo, fe y bautismo, etc.). Los trabajos de la crítica reconocen cada vez más formularios de catequesis primitivos, florilegios de textos del AT, que pudieron ser utilizados paralelamente por los diversos escritos en cuestión, sin que entre ellos existiera dependencia directa. Y si, a pesar de ello, subsiste aún cierto número de casos concretos en que 1 P parece que, efectivamente, se inspira en Rm o en Ef, esto puede admitirse sin rechazar la autenticidad: San Pedro no poseía la envergadura teológica de San Pablo, y muy bien pudo recurrir a los escritos de este último, sobre todo cuando se dirigía, como aquí, a círculos de influencia paulina. Tampoco se debe olvidar que su secretario Silvano fue discípulo de ambos apóstoles. Finalmente, es de justicia señalar, junto a estas afinidades paulinas, las conexiones que algunos intérpretes han creído descubrir entre 1 P y otros escritos de ambiente petrino como el segundo Evangelio o los discursos de Pedro en los Hechos.

La epístola normalmente es anterior a la muerte de Pedro, en 64 ó 67, aunque es posible que Silvano no la concluyera hasta algunos años más tarde, según las directrices y bajo la autoridad de aquél. Hasta sería esto probable si estuviera comprobado que la epístola es un mosaico y combinación de fragmentos diversos, entre ellos una homilía de origen bautismal, 1:13-4:11. Pero estas elucubraciones no pueden pasar del nivel de la conjetura.

Este escrito, de tendencia esencialmente práctica, no deja de contener una aceptable riqueza doctrinal. Hay en él un resumen admirable de la teología cristiana común a la época apostólica, de un calor emocionante en su sencillez. Una de las ideas maestras es la paciencia activa en las tribulaciones, con Cristo como modelo, 1Pe_2:21-25; 1Pe_3:18; 1Pe_4:1 : como él, los cristianos deben sufrir con paciencia activa, felices si sus tribulaciones provienen de su fe y de su santa conducta, 1Pe_2:19 s; 1Pe_3:14; 1Pe_4:12-19; 1Pe_5:9, no oponiendo al mal sino el bien, la caridad, la obediencia a los poderes públicos, 1Pe_2:13-17, y la dulzura con todos, 1Pe_3:8-17; 1Pe_4:7-11, 1Pe_4:19. Un pasaje difícil ha sido entendido diversamente por los intérpretes, 1Pe_3:19 s; ver 1Pe_4:6, según que en la «predicación» de Cristo hayan visto un anuncio de salvación o de castigo, y en los «espíritus encarcelados» hayan reconocido o a los impíos muertos en tiempo del diluvio, o bien a los ángeles caídos de la tradición bíblica y apocalíptica. De todos modos, este episodio de la vida del Señor está bien situado en el momento de su muerte, y es uno de los principales lugares teológicos del dogma del Descenso a los infiernos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Stg_1:1+; Jua_7:35

[2] Efe_1:4

NOTAS

1:1 (a) La tierra es de Dios, Sal_24:1; el hombre vive en ella como forastero, Lev_25:23, «de paso», puesto que ha de abandonarla al morir, Sal_39:13 [Sal_39:12]; Sal_119:19; 1Cr_29:10-15. Revelada ya la resurrección de los muertos, 2Ma_7:9+, se completa el tema: la verdadera patria del hombre, Flp_3:20; Col_3:1-4; Heb_11:8-16; Heb_13:14, es el cielo; en la tierra vive «en el destierro» (paroikía, de donde procede «parroquia» 1Pe_1:17; 2Co_5:1-8) en medio de un mundo gentil, cuyos vicios deben evitarse, 1Pe_2:11; 1Pe_4:2-4, como vivían los judios de la Dispersión.

1:1 (b) Los judios convertidos, Stg_1:1+, o simplemente los cristianos que viven entre los gentiles, 1Pe_5:9.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_8:29; 2Ts_2:13

[2] Mat_26:28+; Éxo_24:6-8

NOTAS

1:2 La idea es trinitaria, ver 2Co_13:13+ [2Co_13:14]. En el pasaje siguiente se volverá al Padre, vv. 1Pe_1:3-5, al Hijo, vv. 1Pe_1:6-9, al Espíritu, vv. 1Pe_1:10-12. -El v. 1Pe_1:2 alude a la escena de la conclusión de la alianza, referida en Éxo_24:6-8. El pueblo promete obedecer a los mandamientos de Dios (v. 7) y, para sellar la alianza, Moisés rocía al pueblo con la sangre de las víctimas (v. 8). Sobre la utilización cristiana de este texto, con referencia a la sangre de Cristo, ver Heb_9:18 y Mat_26:28.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_1:3; Efe_1:3

[2] 1Pe_1:23; Jua_3:5; 1Jn_2:29; 1Jn_3:9; Rom_1:4+; Col_1:5; Col_1:12; Col_3:3-4

NOTAS

1:3 La fórmula de bendición heredada del AT, Gén_14:20+; Luc_1:68; Rom_1:25; 2Co_11:31, se ha hecho cristiana, Rom_9:5; 2Co_1:3; Efe_1:3 : los beneficios por los que se alaba a Dios se vinculan a la persona de Cristo y sobre todo a su resurrección, Rom_1:4-5+; etc.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_6:19-20 p

[2] Efe_1:19 s; 1Jn_3:2

NOTAS

1:5 El último periodo de la historia, inaugurado por Jesús, 1Pe_1:20, y que concluirá con la Revelación, vv. 1Pe_1:7, 1Pe_1:13; 1Pe_4:13; 1Pe_5:1; 1Co_1:7-8+, o Parusía, Stg_5:8+; ver Mar_1:15+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_16:20; Stg_1:2-3; Heb_12:11

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mal_3:23 [Mal_4:5]; 1Co_3:13

[2] Rom_2:7

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Jn_4:20

NOTAS

1:9 Entre las inquietudes, v. 1Pe_1:6; 1Pe_2:12, 1Pe_2:19; 1Pe_3:13-17; 1Pe_4:12-19, los cristianos sacan de su fe en Cristo y de su amor por él la jubilosa certeza de que Dios les reserva la salvación (de las almas, es decir, de las personas 1Pe_1:22; 1Pe_2:11; ver 1Co_15:44+).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_11:27+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_1:7+; Hch_2:23+

[2] Luc_18:31+; Isa 52:13 - 53:12; Mat_13:16-17 p

NOTAS

1:11 La función de los profetas era anunciar el misterio de Cristo, v. 1Pe_1:10. Su inspiración se atribuye al Espíritu de Cristo, ver 1Co_10:1-11+; Luc_24:27, Luc_24:44, como también la predicación de los apóstoles, v. 1Pe_1:12. De este modo se aclara la unidad de las dos alianzas

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_16:25+

[2] Efe_3:10+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_12:35-40

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_6:19

[2] Mat_5:48; 1Jn_3:3; Hch_9:13+; Isa_43:1

NOTAS

1:14 Han pasado de la ignorancia al conocimiento de Dios, Sal_78:6; Jer_10:25; 1Ts_4:5; etc. , que ha transformado completamente su comportamiento, 1Pe_1:18; Efe_4:17-19.

NOTAS

1:15 El hombre debe imitar la santidad de Dios, Lev_19:2. Sólo amando a los demás (ver Lev_19:15), precisa Jesús, imita el cristiano a Dios, se distingue de los gentiles y se hace hijo de Dios, Mat_5:43, Mat_5:48 p. Pero ¿de dónde sacar la fuerza necesaria? La tradición apostolica, invirtiendo los datos del problema, entendió que, porque somos hijos de Dios, 1Pe_1:23+, podemos imitar a Dios, 1Pe_1:14-16; 1Jn_3:2-10; Efe_5:1, porque el Dios amor, 1Jn_4:8, se convierte en principio de nuestro obrar. Pablo ve en esta imitación divina la restauración de la obra creadora, Col_3:10-13; Efe_4:24.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_19:2; 17+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_10:17+

[2] Heb_11:6+

[3] 2Co_5:6

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_52:3; 1Co_6:20; 1Co_7:23

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_4:17

[2] Apo_5:9; Jua_1:29+; Rom_3:24-25+

NOTAS

1:19 O: «con la preciosa sangre de Cristo, el cordero sin mancilla».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_17:24; Gál_4:4; Heb_1:2; Rom_1:16+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_1:4+; Rom_8:11+

NOTAS

1:21 El rescate, Rom_3:25+, por la sangre de Cristo, Mat_26:28+; Apo_1:5; Apo_5:9, así como su resurrección, dependían del designio eterno del Padre, v. 1Pe_1:20, que así consagraba a su nuevo pueblo de «creyentes», ver 1Ts_1:7; 1Ts_2:10; 1Ts_2:13; etc. Se barrunta en esta sección, vv. 1Pe_1:13-21, el eco de una catequesis o incluso de una liturgia bautismal.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_1:5+

[2] Jua_17:17

[3] 1Jn_3:9; 1Jn_5:1; 1Pe_1:3; Stg_1:18

NOTAS

1:22 Var.: «de corazón».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_3:11+; Dan_6:27 [Dan_6:26]; Isa_40:6-8

NOTAS

1:23 O: «la palabra de Dios vivo y permanente». -La palabra de Dios, germen de vida, está en el origen de nuestro renacimiento divino y nos otorga la posibilidad de obrar según la voluntad de Dios, 1Pe_1:22-25; Stg_1:18+; Jua_1:12; 1Jn_3:9; ver 1Jn_2:13; 1Jn_5:18, porque está dotada de poder, 1Co_1:18; 1Ts_2:13; Heb_4:12. Para St, la palabra sigue siendo la Ley mosaica, 1Pe_1:25; para 1 P, es la predicación evangélica, 1Pe_1:25; ver Mat_13:18-23 p; para Jn, es el Hijo de Dios en persona, 1Pe_1:1+. Pablo ve en el Espíritu el principio que nos constituye hijos de Dios, Rom_6:4+, pero el Espíritu es el dinamismo de la palabra.