Eclesiastés 2 Biblia Jerusalén (1998) | 26 versitos |
1 Me dije para mis adentros: ¡Voy a probar con el placer y a disfrutar del bienestar! Pero vi que también esto es vanidad.
2 A la risa llamé locura, y del placer dije: ¿Para qué vale?
3 Traté de regalar mi cuerpo con vino, mientras guiaba mi reflexión con sabiduría, y de entregarme a la necedad hasta ver en qué consistía la felicidad de los humanos, lo que hacen bajo el cielo durante los contados días de su vida.
4 Emprendí mis grandes obras; construí palacios, planté viñas;
5 me hice huertos y jardines, y los planté de toda clase de árboles frutales.
6 Me construí albercas para que el agua regase la fértil fronda.
7 Tuve siervos y esclavas: poseí servidumbre, así como ganados, vacas y ovejas, en mayor cantidad que ninguno de mis predecesores en Jerusalén.
8 Atesoré también plata y oro, tributos de reyes y de provincias. Me procuré cantores y cantoras, toda clase de lujos humanos, coperos y reposteros.
9 Me hice grande y superé a todos mis predecesores en Jerusalén, asistido por mi sabiduría.
10 Nada negué a mis ojos de cuanto me pedían, ni rehusé a mi corazón ninguna alegría, pues me solazaba en medio de todas mis fatigas, y esto me compensaba de todas mis fatigas.
11 Consideré entonces todas las obras de mis manos y lo mucho que me fatigué haciéndolas, y vi que todo es vanidad y atrapar vientos, y que ningún provecho se saca bajo el sol.
12 Me puse a considerar la sabiduría, la locura y la necedad. ¿Qué hará el hombre que suceda al rey, sino lo que ya otros hicieron?
13 Vi que la sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas.
14 El sabio tiene sus ojos abiertos, pero el necio camina en tinieblas. Pero también sé que la misma suerte alcanza a ambos.
15 Entonces me dije: Como la suerte del necio será la mía, ¿para qué sirve mi sabiduría? Y pensé que hasta eso mismo es vanidad.
16 No hay recuerdo duradero ni del sabio ni del necio; al correr de los días, todos son olvidados. Pues el sabio muere igual que el necio.
17 He detestado la vida, porque me repugna cuanto se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y atrapar vientos.
18 Detesté todas mis fatigas y afanes bajo el sol, pues todo he de dejar a mi sucesor.
19 ¿Quién sabe si será sabio o necio? Él se hará dueño de todo mi trabajo, lo que realicé con fatiga y sabiduría bajo el sol. También esto es vanidad.
20 Y he acabado desanimado con todas mis fatigas y afanes bajo el sol,
21 pues puede que un hombre se fatigue con sabiduría, ciencia y destreza, y tenga que dejar su paga a otro que en nada se fatigó. También esto es vanidad y mal grave.
22 Entonces, ¿qué le queda al hombre de toda su fatiga y esfuerzo con que se fatigó bajo el sol?
23 Pues todos sus días son dolorosos y su oficio penoso; y ni aun de noche descansa su mente. También esto es vanidad.
24 No hay mayor felicidad para el hombre que comer y beber, y disfrutar en medio de sus fatigas. Yo veo que también esto es don de Dios,
25 pues ¿quién come y quién bebe, si él no lo permite?.
26 Porque Él da sabiduría, ciencia y alegría a quien le agrada; mas al pecador le da como tarea amontonar y atesorar para dejárselo a quien agrada a Dios. También esto es vanidad y atrapar vientos.

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Introducción a Eclesiastés

ECLESIASTÉS

Introducción
Este pequeño libro se titula «Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén». La palabra «Cohélet» (o «Qohélet»), ver Ecl_1:2 y 12; Ecl_7:27; Ecl_12:8-10, no es nombre propio, sino un nombre común empleado a veces con artículo, y aunque su forma es femenina, se construye como masculino. Según la explicación más probable, es un nombre de función y designa al que habla en la asamblea (qahal, en griego ekklesía; de ahí los títulos latino y español, tomados de la Biblia griega), en una palabra, el «Predicador». Se le llama «hijo de David y rey en Jerusalén» ver Ecl_1:12, y aunque no aparezca escrito el nombre, ciertamente se le identifica con Salomón, a quien claramente alude el texto, Ecl_1:16 (ver 1Re_3:12; 1Re_5:10-11 [1Re_4:30-31]; 1Re_10:7) ó Ecl_2:7-9 (ver 1Re_3:13; 1Re_10:23). Pero esta atribución es mera ficción literaria del autor, que pone sus reflexiones bajo el patrocinio del más ilustre de los Sabios de Israel. El lenguaje del libro y su doctrina, de la que seguidamente hablaremos, impiden situarlo antes del Destierro. Se ha impugnado a menudo la unidad de autor, y se han distinguido dos, tres, cuatro y hasta ocho manos diferentes. Pero se va renunciando cada vez más a una partición que parece desconocer el género y el pensamiento del libro, y a la que se oponen la unidad de estilo y de vocabulario, aunque sí ha sido publicado por un discípulo que añadió los últimos versículos, Ecl_12:9-14.

Como en otros libros sapienciales, por ejemplo Job y Eclesiástico, por no decir nada de Proverbios (una obra miscelánea), el pensamiento fluctúa, se rectifica y se corrige. No hay un plan definido, sino que se trata de variaciones sobre un tema único, la vanidad de las cosas humanas, que se afirma al comienzo y al final del libro Ecl_1:2 y Ecl_12:8. Todo es falaz: la ciencia, la riqueza, el amor y hasta la misma vida. Ésta no constituye más que una serie de actos incoherentes y sin importancia, Ecl_3:1-11, que concluyen con la vejez, Ecl_12:1-7, y con la muerte. Ésta afecta igualmente a sabios y a necios, ricos y pobres, animales y hombres, Ecl_3:14-20. El problema de Cohélet coincide parcialmente con el de Job: ¿tienen aquí abajo su sanción el bien y el mal? Y la respuesta de Cohélet, como la de Job, es negativa, porque la experiencia contradice a las soluciones admitidas, 7:25-8:14. Sólo que Cohélet es hombre de buena salud y no busca como Job la razón del sufrimiento; comprueba la vacuidad del bienestar y se consuela recogiendo los modestos goces que puede ofrecer la existencia, Ecl_3:12-13; Ecl_8:15; Ecl_9:7-9. Digamos más bien que trata de consolarse, porque se encuentra totalmente insatisfecho. El misterio del más allá le atormenta, sin que vislumbre una solución, Ecl_3:21; Ecl_9:10; Ecl_12:7. Pero Cohélet es un creyente, y si bien queda desconcertado ante el giro que Dios da a los asuntos humanos, afirma que Dios no tiene por qué rendir cuentas, Ecl_3:11, Ecl_3:14; Ecl_7:13, que se han de aceptar de su mano tanto las pruebas como las alegrías, Ecl_7:14, que se han de guardar los mandamientos y temer a Dios, Ecl_5:6 [Ecl_5:7]; Ecl_8:12-13.

Es evidente que esta doctrina está lejos de ser coherente. Pero ¿no será mejor atribuir las incoherencias a un pensamiento inseguro de sí mismo, porque aborda un misterio estremecedor sin contar con los elementos de solución, antes que dividir el texto entre varios autores que se corrigen y contradicen mutuamente? A Cohélet, como a Job, solamente puede dársele la respuesta con la afirmación de una sanción de ultratumba.

El libro tiene las características de una obra de transición. Las seguridades tradicionales se debilitan, pero nada firme las sustituye aún. En esta encrucijada del pensamiento hebreo se ha tratado de encontrar influencias extranjeras, que habrían actuado sobre Cohélet. Hay que descartar las comparaciones a menudo propuestas con las corrientes filosóficas del estoicismo, del epicureísmo y del cinismo, que Cohélet pudo conocer por medio del Egipto helenizado; ninguna de estas comparaciones es decisiva y la mentalidad del autor se halla muy alejada de la de los filósofos griegos. Se han fijado paralelos, más aceptables en apariencia, con composiciones egipcias como el Diálogo del Desesperado con su alma o los Cantos del Arpista, y más recientemente con la literatura mesopotámica de sabiduría y con la Epopeya de Guilgamés. Pero no se puede demostrar la influencia directa de ninguna de estas obras. Las coincidencias se dan sobre temas que a veces son muy antiguos y que integraban ya el fondo común de la sabiduría oriental. Y precisamente la reflexión personal de Cohélet ha trabajado sobre esta herencia del pasado, como lo dice su editor, Ecl_12:9.

Cohélet es un judío de Palestina, probablemente de Jerusalén mismo. Emplea un hebreo tardío, de transición, sembrado de aramaísmos, y utiliza dos palabras persas. Esto supone una fecha bastante posterior al Destierro, pero anterior a los comienzos del siglo II a. C., en el que Ben Sirá utilizó ya el librito; de hecho la paleografía sitúa en las proximidades del 150 a. C. fragmentos de Qo encontrados en las cuevas de Qumrán. El siglo III es por lo mismo la fecha de composición más probable. Estamos en el momento en que Palestina, sometida a los Tolomeos, comienza a recibir la corriente humanista y no ha sentido aún la sacudida de fe y esperanza de la época de los Macabeos.

El libro sólo marca un momento en el desarrollo religioso y no se le ha de juzgar separándolo de lo que le ha precedido y de lo que le seguirá. Al subrayar la insuficiencia de las viejas concepciones y forzar a los espíritus a enfrentarse con los enigmas humanos, apela a una revelación más elevada. Da una lección de desprendimiento de los bienes terrenos y, al negar la felicidad de los ricos, prepara al mundo para oír que son «bienaventurados los pobres», Luc_6:20.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_14:13



NOTAS

2:3 En vez de leer limesôk, lit. «atraer», «arrebatar», nuestra traducción corrige en lisemôk, «sostener», de ahí «regalar».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_7:1-12; 1Cr_27:27 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_9:28; 1Re 10; 1Re_11:1-3


NOTAS

2:8 Según griego, «Arcas y arcas» conforme al sentido de la palabra en hebreo posbíblico. Otros entienden: «princesas y princesas» o «concubinas y concubinas», y piensan en el harén de Salomón.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_10:23


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_1:9

NOTAS

2:12 «qué hará» conj.; «qué» hebr. -«lo que ya otros hicieron» hebr. -La sabiduría no proporciona ninguna ventaja, ni siquiera un recuerdo duradero; con todo, vale más que la necedad, como el día vale más que la noche.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_10:2; 1Jn_2:10-11; Jua_8:12+

NOTAS

2:14 Lit. «tiene sus ojos en la frente».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_6:8

NOTAS

2:15 El hebr. añade: «entonces más».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_2:4; Sir_44:8-15; Ecl_1:11; Sal_49:11 [Sal_49:10]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_3:12-13; Ecl_3:22; Ecl_5:17 [Ecl_5:18]; Ecl_8:15; Ecl_9:7-8

NOTAS

2:24 Esta máxima de aire epicúreo es un argumento en una polémica. Y si bien el autor convierte en estribillo esta paradoja, Ecl_3:12-13; Ecl_5:17 [Ecl_5:18]; Ecl_8:15; Ecl_9:7, no cierra en ella toda su concepción de la vida, como si aconsejara el placer en cuanto razón última de la acción y excluyera el sentido del deber.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_1:10

NOTAS

2:25 «bebe» versiones; «se apresurará» hebr. -«si él no lo permite», lit. «fuera de él», mss, versiones; «fuera de mí» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_27:16-17; Pro_13:22

NOTAS

2:26 Así hablaban los Sabios para justificar el escándalo de las riquezas otorgadas al malvado, ver Pro_11:8; Pro_13:22; Job_27:16 s. Cohélet se burla de paso de la insuficiencia de esta doctrina.